Probamos un coche de gasolina

Este post es la traducción de este artículo del Club Tesla de Suecia que me encantó, porque cuenta de una forma distinta la disrupción que el coche eléctrico está provocando en la industria de la automoción, y la que provocará en la petrolera.

El artículo cuenta una prueba de conducción de un coche de gasolina por alguien que solo ha utilizado coches eléctricos. Claramente es una ficción, aunque no tanto: Si utilizas un coche eléctrico, volver a uno de gasolina, es como volver a la prehistoria. Once you go electric, you never come back.

Habiendo oído tantas cosas buenas sobre los coches de gasolina, hemos decidido probar uno. Dicen que combinan un precio barato con una gran autonomía y una recarga rápida. Sobre el papel una combinación ganadora, pero ¿cómo será en la vida real?

Nos sentamos en el coche de pruebas en el local del vendedor. Los fabricantes de coches no venden los coches ellos mismos, sino a través de talleres de reparación independientes que actúan de intermediarios. Podría sonar como un mal presagio comprar el coche de un taller de reparaciones que quieres visitar lo menos posible; pero aparentemente no puedes comprarlo directamente del fabricante, sino que debes ir a través de estos intermediarios.

Así que nos sentamos en el coche y pulsamos el botón START. El coche de gasolina rugió y empezó a funcionar. Podías oír el sonido del motor y todo el coche vibraba como si algo estuviera roto, pero el vendedor nos aseguraba que todo iba bien. De hecho, el coche tiene un motor eléctrico y una batería microscópica, pero solo se usan para arrancar el motor de gasolina – el motor eléctrico no mueve las ruedas. El motor de combustión usa un depósito lleno de gasolina, un combustible fósil líquido, para propulsar el coche explotando pequeñas gotas del mismo. Aparentemente son estas pequeñas explosiones las que oyes y sientes cuando el motor está funcionando.

El motor de gasolina está formado literalmente por cientos de partes móviles que deben tener una tolerancia de centésimas de milímetro para que funcione. Empezamos a entender porqué son los talleres los que venden los coches – ¿estarán esperando a que algo se rompa en el coche que ellos puedan arreglar?

Pusimos una marcha y arrancamos con un tirón. El tirón no fue por una aceleración extrema, sino porque parece que los motores de gasolina no se pueden conducir tan suavemente como los eléctricos. De hecho, la aceleración no apareció por ningún sitio, porque ¡no pudimos poner el coche a más de 40 km/h! Para entonces el motor de gasolina literalmente aullaba y todo el coche temblaba violentamente. Convencidos de que algo se debía haber roto, paramos el coche. El vendedor nos explicó entonces que con los motores de gasolina debes “cambiar marchas” de forma habitual. Entre el motor y las ruedas no hay un engranaje con una relación fija, sino una variable. Hay 5 marchas diferentes que puedes seleccionar, consiguiendo aumentar la velocidad con ello. Es, como aprendimos rápidamente, muy importante que usemos una marcha adecuada cada vez ya que, en caso contrario, ¡el motor o se para, o puede quedar seriamente dañado! Necesitas entrenar mucho para aprender a seleccionar la marcha correcta en cada caso – aunque hay modelos con cambio automático que lo hacen por ti. En el coche de cambio manual, necesitábamos cuidar permanentemente el motor para no dañarlo. Muy estresante.
Preguntamos si se podía apagar el ruido constante del motor, que francamente nos molestaba para oir la radio. Pero no se podía. Muy molesto, la verdad.

Después de conseguir una velocidad aceptable con el intrincado cambio de marchas, nos aproximamos a un semáforo. Soltar el pedal del acelerador no sirvió para frenar de forma considerable, tuvimos que usar el pedal del freno para detener el coche. ¡Nos sorprendió mucho oír que los frenos eran completamente mecánicos! Lo único que generan es calor – ¡frenar no mete gasolina regenerada en el depósito! Suena como un gran desperdicio, pero en breve fue a peor.

Cuando nos paramos, el motor seguía funcionando y el coche vibrando – ¡incluso con el coche totalmente parado! El motor seguía quemando gasolina sin mover el coche hacia adelante. ¿Realmente podía ser esto cierto? Si, nos explicó el vendedor, esto pasa con los coches de gasolina: el motor siempre está funcionando y quemando gasolina – incluso cuando el coche está detenido. Aunque parece que hay algunos modelos que apagan el motor en un semáforo en rojo. Bueno, esto parece que tiene mucho más sentido.

Después de un rato fuimos a una gasolinera donde pudimos cargar el coche. El coche indicaba que le quedaba aún medio depósito, ¡pero quisimos probar la famosa carga super-rápida de los coches de gasolina! Así que fuimos a la gasolinera y abrimos el tapón del depósito. La boquilla de llenado es muy parecida a la del conector de carga, pero no son electrones lo que sale de ella, sino gasolina. La gasolina es un líquido altamente cancerígeno, apestoso e inflamable que se deriva de plantas y animales extinguidos hace millones de años. La gasolina es bombeada a un depósito dentro del coche, que entonces va por ahí con unos 50 litros de este peligroso líquido dentro.

Metimos la boquilla en el coche, pero nada sucedió. El vendedor nos explicó entonces que ¡debemos pagar por el combustible! Algo muy parecido a esos cargadores rápidos tan caros que algunas compañías eléctricas han puesto. Una vez que pusimos la tarjeta de crédito pudimos empezar a recargar. ¡Fue tremendamente rápido! ¡En solo 2 minutos llenamos el depósito al máximo! Pero había 2 contadores en la bomba: uno que marcaba el número de litros que habíamos repostado y otro que mostraba lo que nos iba a costar. Y ese contador ¡giraba tan rápido que no podíamos seguirle el ritmo! Claro que llenamos el depósito en solo 2 minutos, ¡pero nos costó la increíble cantidad de 30€! Una carga completa nos hubiera costado el doble – ¡una barbaridad de 60€! Maldijimos nuestra suerte porque parece que habíamos escogido una de las gasolineras más caras, y empezamos a preguntar al vendedor qué otras alternativas había: ¿Cuánto cuesta recargar en casa, y cuantas gasolineras gratuitas había?

El vendedor estaba completamente perplejo y nos explicó que no es posible recargar los coches de gasolina en casa, y que no hay gasolineras gratuitas. Tratamos de explicarle nuestras preguntas por si no las había entendido bien, pero insistió en que no se podía. Parece ser que tienes que ir a la gasolinera varias veces al mes a recargar tu coche de gasolina a esos precios exorbitados – ¡no hay alternativas! Pensamos que era muy extraño que ningún fabricante de coches de gasolina hubieran lanzado sus propias gasolineras gratuitas.

Ni siquiera hay gasolineras que te permitan recargar más despacio a menor precio. Empezamos a calcular el precio contra el consumo y llegamos a escandalosa conclusión que el coche de gasolina ¡cuesta unos disparatados 12€ cada 100 km! Claro que los coches eléctricos pueden llegar teóricamente a esas cantidades si recargas en uno de los cargadores más caros del país – pero ¡para los coches de gasolina no hay alternativas más baratas! Mientras que los coches eléctricos los puedes cargar cómodamente cada noche en tu casa por 2€ cada 100 km, los coches de gasolina deben darse varios paseos para recargar a esos precios desorbitados Mensualmente el coste de un coche de gasolina puede superar fácilmente los 100€, ¡solo por la gasolina! Empezamos a entender porqué son tan baratos de comprar – utilizarlos es extremadamente caro.

También empezamos a entender por qué hay tantas estaciones de gasolina por todos lados: los coches de gasolina deben ir allí siempre para recargar. Imagina que solo pudieras cargar tu coche eléctrico en los cargadores rápidos más caros – ¡y en ningún sitio más!

Con esto en mente, acabamos en un atasco y estaba horrorizado porque el motor de gasolina seguía quemando esas caras gotas de gasolina, incluso cuando el coche no se movía nada o se movía muy poco. Con los vehículos de gasolina es muy fácil entrar en la ansiedad del gasto – ¡sintiendo que el coche está literalmente quemando tu dinero! La ausencia de carga barata en casa y la no regeneración de gasolina cuando frenas suena como un disparate económico – más aún cuando toda la gasolina debe ser importada del exterior.

Devolvimos el coche a las instalaciones del vendedor, pusimos el freno de mano y salimos del coche. ¡El motor de gasolina seguía encendido! Parece que debes apagar manualmente la combustión de ese preciado líquido.

Pero quisimos ver el motor de gasolina, así que el vendedor abrió la capota. Toda la parte delantera del coche estaba completamente llena de tubos, guarniciones, depósitos de líquidos y en medio de todo un enorme y tembloroso bloque de hierro fundido que parece que forma el motor. ¡No había espacio para el equipaje en la parte delantera del coche! A pesar del enorme tamaño, el ruido y la vibración, el motor casi no llegaba a los 100 cv. El motor estaba extremadamente caliente y nos quemamos cuando lo tocamos. Y eso que era un cálido día de verano y el motor no necesitaba generar calor para el habitáculo.

También nos preocupamos al pensar ¿qué pasa si te chocas con un coche de gasolina? El bloque de hierro fundido que ocupa la mayor parte del compartimento del motor ¡está justo en el centro de la zona de colisión! ¿Dónde va si colisionas? ¿Acabará en nuestro regazo? El vendedor nos aseguró que el motor en ese caso, de alguna manera queda doblado debajo del coche, pero no pudimos evitar la impresión de que el bloque del motor estaba justo en el centro y con las vigas de seguridad a su alrededor, lo que seguramente perjudica su funcionalidad. No tener esa masa de 100 kg de hierro en el frontal del coche hace mucho más fácil construir coches seguros. Y el depósito de gasolina a menudo pierde combustible después de un accidente, con lo que el líquido inflamable se derrama y ¡se incendia!

Del motor, bajo el coche, sale el sistema de escape – una especie de chimenea para los gases que genera el motor. Cuando quemas la gasolina cancerígena, un montón de gases nocivos se producen. El coche limpia los gases más peligrosos, pero lo que queda es liberado al aire detrás del coche. Aún es insano respirarlo – ¡y huele muy mal! ¿Y se permite que los coches de gasolina emitan esos gases nocivos en medio de nuestras ciudades? No confundas los tubos de escape de los coches de gasolina con los de pila de combustible, ya que las pilas de combustible de hidrógeno solo emiten vapor de agua, mientras que los coches de gasolina expelen gases nocivos, incluyendo dióxido de carbono que contribuye a un calentamiento global catastrófico para la Tierra.

Agradecimos al vendedor por la prueba, sacudimos nuestras cabezas y le devolvimos la llave. Se percató que no iba a hacer negocio con nosotros, con lo que salvo por un poco convincente intento, no trató de vendernos más el coche.

En la vuelta a casa en nuestro coche eléctrico empezamos a ver de forma completamente distinta a nuestros pobres compañeros de viaje que todavía tiene que poner gasolina en su coche. Aunque pronto llegará su turno para cambiar

FUENTE Tesla Club Sweden

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